La entrevista que me ha hecho Angie Fromhell

Aquí os dejo la entrevista que me ha hecho Angie Fromhell (autora de Noise) para el nuevo número de Ultratumba, con motivo de la publicación de mi nueva novela, Cartas a un soñador. Puedo decir que es la entrevista más completa que me han hecho nunca, y que personalmente estoy deseando que haya otro acontecimiento para que me vuelva a entrevistar. Recordad que podéis leer la revista gratis AQUÍ.

ENTREVISTA A JAVIER HERCE, por ANGIE FROMHELL (Ultratumba Nº29)

10175997_10152184107718387_5691976276834219038_nConocido ya por todos los lectores de Ultratumba, tanto por su trabajo en la misma, como por su trabajo como autor y fotógrafo, en este número volvemos la mirada hacia Javier Herce: un confieso “culo inquieto”, gran impulsor actual de la escena Gótica en España y un soñador enamorado de Madrid, de la vida y de la prosa.
Javier se presta víctima para ser destripado emocionalmente e incluso sugiere una sesión de fotografía en el cementerio de la Almudena que una servidora llevará a cabo con todo el arte y la precisión de un primate realizando una trepanación craneal con una motosierra (mis disculpas, Javier… ¡una no puede ser buena en todo!).
Por suerte para todos, su extensa experiencia como fotógrafo hace de él un buen modelo, por lo que puedo centrar toda mi atención en intentar hacerme con la misteriosa máquina que Javier ha dejado (mostrando un gran exceso de confianza) entre mis simiescas manos.
Os dejo, pues, con la entrevista en la que Javier Herce nos muestra su “yo” más íntimo y con las fotos en las que me muestra su “yo” más paciente.

ANGIE FROMHELL: Cuéntame un poco acerca de tu comienzo como escritor; la mayoría de escritores son lectores y guardan diarios… ¿encajas dentro de este estereotipo? ¿Guardas un diario?
JAVIER HERCE: En realidad guardo varios de los diarios que he estado escribiendo desde hace ya quince años y que saben cosas que ni yo mismo me atrevo a recordar, no porque haya hecho nada de lo que me avergüence, sino porque muchas veces los recuerdos son tan dolorosos, que es mejor recurrir poco a ellos. Antes de ese tiempo no había escrito nunca un diario, aunque sí recuerdo haber pensado en hacerlo muchas veces. No fue hasta que mis amigos de por entonces me regalaron un cuaderno con un boli verde para mi cumpleaños, con el propósito de que allí pusiera mis pensamientos. Ya sabían que me gustaba escribir y pensaron que era una buena idea. Vaya que si lo fue. Durante mucho tiempo no podía pasar de escribir allí y lo que fue un cuaderno, con el tiempo se fue convirtiendo en dos, tres, cuatro, cinco…
Siempre digo que lo de escribir me vino tarde. Yo no fui de esos niños que se pasaban el día encerrados inventando historias y escribiéndolas. Las inventaba, claro, pero solo en mi cabeza. Siempre he sido un soñador, pero no fue hasta más adelante cuando tuve la necesidad de crear algo en el papel y hacerlo en serio. De pronto empecé a leer mucho, muchísimo. Unos dos o tres libros por semana, y creció dentro de mí la idea de escribir una novela como esas que tanto me gustaba leer. Devoraba todo lo que encontraba que fuera de terror y escribí mi primera novela de ese estilo, que nunca se publicó, al menos no su primera versión. En un cuaderno empecé a apuntar ideas, dibujos, documentación sobre vampiros, y cuatro años más tarde, después de empezarla mil veces en mi máquina de escribir y desechar siempre lo que escribía, estuve preparado para empezar en serio, me compré mi primer ordenador, y formé mi primera novela. Fue una época entrañable para mí. Todo era nuevo y descubrí mi verdadera vocación. Sobre todo me di cuenta de que hasta entonces había estado equivocado soñando con caminos que no eran para mí. Por suerte supe que podía valer para algo, o al menos yo quería valer para eso. Desde entonces no he parado de escribir novelas de varios estilos.

AF: Tu novela Cartas a un Soñador acaba de publicarse. Es una novela trágica e introspectiva. ¿Qué te inspira para escribir este libro?
JH: En su día tuve la idea de crear una especie de ciclo de novelas. La primera fue El cuaderno de Bruno, que también fue mi primera novela publicada en 2006. No se trataba de algo premeditado, pero después de acabar esa historia en la que contaba cómo a un hijo le afectaba el comportamiento de su padre, quise escribir otra en la que a una persona le afectara perder a un hermano. También tenía en mente otra en la que fuese al padre al que le afectara el comportamiento de su hijo, pero esa no llegué a escribirla. La otra sí, y dio forma a Cartas a un soñador, que es una historia sencilla, aunque cruda, y que para mí es especial, no por lo que cuenta en sí, sino por el proceso de escritura, ya que en medio me vine a vivir a Madrid y muchos de los pasajes de Cartas a un soñador recuerdo muy bien dónde los escribí. Puede que en sus páginas esté plasmada la melancolía de mis primeros días aquí, la soledad, el descubrimiento de un mundo nuevo… Me costó mucho terminar de escribirla, ya que esa época de mi vida, como comprenderás, fue complicada y tuve muchos parones creativos. En medio gané el Premio Odisea, lo que fue una gran satisfacción, pero en realidad desde que me lo concedieron, con la mitad Cartas a un soñador escrita, tardé casi un año en volver a escribir una sola línea. Ha sido la vez que más tiempo he estado sin escribir. Esta novela me recuerda a todo esto y a mucho más, como mi última época en Logroño antes de dejarlo y venirme solo. Podría estar horas hablando sobre ello. No sé si guardo aún el cuaderno destrozado en el que la escribí. Creo que no. Como puedes comprobar, desde que la acabé hasta que se ha publicado ha estado un buen tiempo guardada en la oscuridad.

AF: Se te conoce por tus libros románticos que exploran la vida emocional de personajes homosexuales. Para los que vemos este mundo desde fuera, está retratado como un mundo lleno de clichés y estereotipos. ¿Hay alguno que te gustaría desmontar desde tus libros?
JH: En realidad no. No creo que sea esa mi misión, sino la de contar historias que me salen desde dentro. Simplemente me dejo llevar sacando lo que me aprieta y termina formando una novela. Mi época de novelas románticas fue la consecuencia de ganar el Premio Odisea, ya que la editorial me pedía más material así, pero algo me dice que todo aquello quedó atrás. No es que no vaya a volver a escribir novela romántica, pero de momento pienso que esa época está en stand by. No creo en los estereotipos ni en las etiquetas. Yo solo creo en el individuo, en el respeto y en vivir la vida sin hacerle daño a nadie. Todo lo demás se me escapa.

AF: En Occidente la literatura erótica masculina está enfocada exclusivamente al consumidor masculino mientras que en algunas culturas orientales las mujeres también consumen este género (desde mi perspectiva, cuantas más pollas mejor), ¿Crees que existen tabúes que impiden a las mujeres consumir este género de literatura? ¿Por qué crees que actualmente es más socialmente aceptable la homosexualidad femenina que la masculina?
JH: Son preguntas complicadas de responder. Ahora mismo estamos viviendo una época de liberación femenina en ese sentido, con esos bestsellers eróticos dirigidos a mujeres, cosa que me parece muy bien. Nunca he creído en que ciertas cosas estén hechas solo para hombres y otras para mujeres. Es algo que me da mucha pereza. No creo en el machismo, ni en el feminismo, pero nos están continuamente vendiendo lo femenino y lo masculino. Si eres hombre te tiene que gustar el fútbol y los coches. Si eres mujer, la cocina e ir de compras. Es tan absurdo. Los tabús los ha creado el hombre, no la mujer, por eso siempre ha habido mucha más represión femenina y muchas más cosas prohibidas para la mujer. Si un hombre se acuesta con quien le dé la gana, es un machote. Si lo hace una mujer, es una puta, pero para que un hombre pueda acostarse con muchas mujeres, también tiene que haber mujeres disponibles para ellos, ¿no? Es la doble moral que todo lo envuelve, por eso hace tiempo que dejé de prestarle atención a esas cosas y dedicarme simplemente a hacer lo que me diera la gana sin pensar en el qué dirán. No creo que el lesbianismo esté más aceptado que la homosexualidad. Creo que las mujeres en general son más discretas, lo que hace que la sociedad se escandalice menos con ellas.

AF: Tienes ya un número de obras publicadas con la editorial Odisea y tu libro Desde Aquí Hasta tu Ventana fue galardonado con el IX Premio Odisea de 2007. ¿Cómo surge tu relación con esta editorial?
JH: Presentándome al premio, sin más. Había publicado mi primera novela y la siguiente fue una historia con la que necesitaba sacar ciertos fantasmas que habitaban dentro de mí. De ahí salió Desde aquí hasta tu ventana. Antes de acabarla empecé a hacer mis primeros viajes a Madrid, descubrí En Plan Travesti y lo que se llamaba la removida, dentro de donde estaba el Premio Odisea. Yo quería pertenecer a ese mundo, quería ganar ese premio. No era más que un provinciano deslumbrado. Me decidí a acabar la novela y mandarla al premio, pero no gané. No me desanimé, porque en realidad nunca pensé que fuera a ganar de verdad. Al año siguiente conocí a una persona que leyó mi manuscrito y le gustó tanto que él mismo me presentó de nuevo al premio… y gané. De esas cosas raras que ocurren de vez en cuando. En medio de ese proceso me mudé a Madrid y, después de llevar quince días aquí, recibí la llamada del editor diciéndome que había ganado. Así fue como comenzó todo con Odisea Editorial. Ellos me abrieron una puerta muy grande para mí en ese momento y les estoy muy agradecido por cómo me han tratado siempre.

AF: Habiéndote consolidado ya como autor reconocido de obra romántica, en 2011 decides volver a tus raíces y publicar Matar a un Vampiro (Babylon, 2011), una obra de terror de ambientación gótica, y te sumerges en el proyecto de la revista Ultratumba. ¿Qué es lo que instiga este cambio de estilo?
JH: La verdad es que fue una casualidad que Matar a un vampiro y Ultratumba vieran la luz el mismo año. No fue algo premeditado ni las dos cosas estaban ligadas en absoluto, pero es verdad que, según ocurrieron las cosas, con el nacimiento de Ultratumba en enero de ese año y la publicación de Matar a un vampiro en octubre, dentro de mí volvió la necesidad de dar rienda suelta al gótico que soy y escribir las historias que en mis primeros días como escritor quería escribir. Sabía que cambiarme al terror iba a ser como empezar de cero, pero no me importó. Era algo que quería hacer, que necesitaba hacer. Estaba un poco cansado de novelas románticas y necesitaba un respiro. Desde entonces he escrito otras cuatro novelas de terror gótico que aún no han visto la luz y ahora estoy otra vez escribiendo novela realista tipo El cuaderno de Bruno, que es un estilo que también me inquieta y quiero desarrollar.
Pienso en que la vuelta al terror, más que Ultratumba y Matar a un vampiro, la causó la fotografía. Empecé a hacer cosas más oscuras y con mis dos exposiciones de cementerios di un giro a mi lado como fotógrafo, dejando atrás el erotismo y haciendo trabajos más góticos. La culpa la tuvieron los de Rara Avis, que me dejaron exponer en su tienda la primera y para colmo me permitieron repetir con la segunda, teniendo por primera vez como modelo delante de mi objetivo a JacqTheRimmel. Desde entonces todo cambió radicalmente. Eso ocurrió en 2010.

10168014_10152184757078387_7688560884476714942_nAF: ¿Qué otros géneros te gustaría explorar?
JH: Los que más me apasionan son el terror y el realismo. Yo creo que es suficiente para un escritor. Normalmente cada uno se dedica a un solo género, con lo que querer dedicarse a dos es mucho, aunque si te digo la verdad, la erótica siempre me ha interesado. No como lector, pero sí como escritor. Puede que lo haga algún día. La psicología del erotismo, de la atracción física, siempre me ha parecido fascinante.

AF: Eres un escritor muy productivo, trabajando simultáneamente en más de un proyecto. ¿Cuántas horas al día pasas delante de la pantalla?
JH: No tantas como te puedas imaginar. En realidad pocas, ya que me agobio. Soy un culo inquieto y no puedo estar sentado mucho tiempo sin moverme. Además, el proceso de escribir para mí es como vomitar palabras. Mi cerebro va mucho más deprisa que mi mano, por lo que la adrenalina que suelto es tal, que muchas veces no puedo estar más de quince o treinta minutos seguidos escribiendo, porque es como tirarse al vacío desde un rascacielos. Es por eso que, pese a dedicarle poco tiempo, escribo mucho. Lo hago tan deprisa, que a veces a mí mismo me da miedo. Soy un escritor muy impulsivo, lo que hace que no necesite estar mucho tiempo escribiendo. Eso sí, procuro hacerlo todos los días, sin excepción, a no ser que necesite parar o esté de descanso, cosa que no suele ocurrir más de dos o tres días seguidos, casi siempre entre novela y novela, o cuando estoy corrigiendo.

AF: Reescribiste parte de Matar a un Vampiro y tu nueva novela que todavía no ha visto la luz está basada en un trabajo antiguo. ¿Qué te hizo mirar atrás y rectificar o ampliar estas obras?
JH: Lo que me hizo querer trabajar en ello fue la firme confianza que tenía en esas historias. En realidad Matar a un vampiro ha recibido más de una revisión con el paso de los años. Reescribirla para que por fin se publicara en 2011 fue tan gratificante, que decidí hacer lo mismo con otra de mis antiguas novelas. Necesitaba descansar un poco de tanto terror y pensé que esa reescritura podía ser una buena forma de relajarme, ya que el corte realista para mí es más fácil de escribir. El resultado fue que no me relajé. Al contrario. Di a luz mi novela más larga en el menor tiempo. Escribí el primer borrador, de 103.000 palabras, en solo un mes y medio. Jamás me había pasado algo así. Hasta ahora lo normal en mí era crear una novela en tres o seis meses, muchas veces en más tiempo, y siempre de una extensión bastante menor. Esto es una muestra de que mi escritura está cambiando, y mucho. Espero que a mejor.

AF: Procedes de Logroño pero te mudas a Madrid en 2007. ¿Qué te hace tomar la decisión?¿Crees que este cambio geográfico ha sido fundamental en el desarrollo de tu carrera artística? ¿Hablamos también de una transición emocional?
JH: La decisión la venía madurando dos años, tiempo en el que venía a Madrid muy a menudo. Una herida muy grande me hizo decirme “ahora o nunca”, y el resultado ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida. Lo tengo claro. Yo no sería quien soy si no llego a venirme a esta ciudad. Muchas veces recuerdo al Javier que vivía en Logroño y descubro a otra persona. No empecé a ser yo mismo hasta que no me vine aquí.
La transición emocional fue, más que dolorosa, oscura. Sabía que los primeros tiempos iban a ser duros y venía preparado para ello, pero enfrentarme a la soledad real por primera vez en mi vida fue algo muy difícil de llevar. No estaba acostumbrado a vivir en un sitio tan pequeño y con tanto silencio. Recuerdo que durante el primer mes y medio me acostaba todas las noches poniendo música en mi reproductor de cd’s para que me hiciera compañía. Hay canciones que siempre que las escucho, me acuerdo de esos días, sobre todo el álbum de Patrick Wolf, The Magic Position. Siempre he tenido debilidad por este artista y elegí ese cd como una de las pocas cosas que me traje de Logroño en mi mudanza.
Aprendí a estar solo y con ello creé un mecanismo de defensa en el que no permití que ciertas cosas me dolieran, como tener a mi gente lejos. Tuve que romper con todo y eso me sirvió para valorar de verdad a las personas que realmente me importan en esta vida. Poner tierra de por medio te hace ver las cosas con una distancia no solo física y te ayuda a comprender muchas cosas y a valorar lo que de verdad importa. Eso me hizo más fuerte y cada lágrima me ayudó a convertirme en alguien independiente, sobre todo emocionalmente.

AF: En tu libro Desde Aquí Hasta tu Ventana (Odisea, 2007) el personaje principal es un escritor que encuentra la inspiración en un evento clave de su vida. ¿Hubo alguna persona o un evento en tu vida que fueran claves a la hora de tomar la decisión de perseguir un futuro como escritor?
JH: En realidad sí, y fue una persona a la que no conozco personalmente. La culpable de que empezara a devorar libros sin parar y por quien terminé queriendo escribir fue Anne Rice. Ocurrió durante el lejano 1997, cuando estaba muy reciente la moda de Entrevista con el vampiro y Anne Rice ya era una escritora mundialmente conocida. Quería leerme un libro de ella, pero no quería empezar por el que le había dado la fama. Busqué por varias librerías, hasta que en una vi una edición en bolsillo de La Momia. Lo compré y me gustó tanto, que al acabar el cuerpo me pedía leer más. Empecé a comerme libros de todo tipo, a visitar la biblioteca varias veces por semana, a comprarme los que veía de terror o los más interesantes y a los meses, después de decidirme a empezar con las Crónicas Vampíricas, se me ocurrió crear mi propia historia de vampiros. Así que sí, Anne Rice es la culpable de que yo sea escritor. Antes de eso tenía el gusanillo de escribir y siempre empezaba cosas que no acababa, pero si no llega a ocurrir esto con Anne Rice, puede que nunca habría llegado a querer acabar nada, o a volver a empezar algo.

AF: Tus personajes tienden al escapismo y la búsqueda de experiencias nuevas en lugares desconocidos, ¿Te identificas con esta filosofía?
JH: No me identifico con esa filosofía, pero sí con esa experiencia, ya que la viví yo mismo. Fue un hecho tan importante en mi vida, que me llega mucha inspiración cada vez que recuerdo los tiempos en los que quería venirme a vivir aquí. En realidad es una fuente inagotable de ideas.

AF: En El Chico del Gorro Rojo (Odisea, 2011) y Cartas a un Soñador haces referencia a la huida de tus personajes hacia Madrid. ¿Qué te enamora de la capital? ¿Te visualizas quedándote en Madrid a largo plazo?
JH: Me enamoran tantas cosas… su arquitectura, su historia… Es un estado de ánimo que crece cada día, porque Madrid es una ciudad en la que puedes descubrir cosas nuevas a diario. Por ejemplo, yo voy mucho a caminar por el Retiro y cada vez que entro allí, veo algo que no había advertido antes. Imagínate con toda la ciudad entera. Aún hay mil sitios que no he visto aquí a los que quiero ir. Pasear por Madrid es algo maravilloso y hay tantos cementerios en esta ciudad, que aún no he podido verlos todos ¿Se puede pedir más? En cuanto a quedarme a largo plazo… Ojalá sea para siempre.

AF: Conocemos tu faceta de fotógrafo y también la de escritor. En El Chico del Gorro Rojo el personaje principal sueña con ser fotógrafo, ¿Con qué faceta te sientes más identificado?
JH: Es algo que me preguntan muchas veces y la respuesta siempre la he tenido muy clara. La fotografía es algo que llevo en la sangre, ya que vengo de una estirpe de fotógrafos y aprendí a hacer fotos casi a la vez que a hablar e incluso antes que a andar en bici o a nadar. De niño tenía mi propia réflex y ayudaba en el laboratorio de revelado, tanto en blanco y negro manualmente, como en color. Es algo que llevo dentro, aunque no me considero un fotógrafo de verdad, porque siento que me quedan demasiadas cosas por aprender. Con lo que me quedo es con la literatura. Escribir es lo que de verdad me llena y siempre digo que podría vivir sin hacer fotografía, pero no sin escribir.

AF: En Ultratumba combinas tu obra escrita con tu obra fotográfica enfocándote en las escenas siniestras, underground, góticas… pero en tu libro El Chico del Gorro Rojo el protagonista se centra en fotografía erótica. ¿Te atreverías con una novela que incorporase fotografía erótica?
JH: No solo me atrevería, sino que te diría más. Ronda por mi cabeza un proyecto con cierta musa en el que queremos crear un conjunto fotográfico recreando varias facetas del erotismo sin censura. En realidad ya lo hemos empezado. Hemos hecho ya una de las sesiones que lo formarán. Nos lo tomamos con clama, pero queremos sacarlo adelante. No queremos que sea soso ni remilgado. Rozará lo pornográfico, o lo llegará a ser, ya lo verás… En cuanto a novelas, ya te he comentado que no descarto escribir erótica. Me parece un mundo interesante para explorarlo. Mezclar novela erótica con fotografía… Eso y sería perfecto.

AF: ¿Cuál de tus novelas tiene mayor contenido autobiográfico?
JH: Si te lo contase, dejaría de ser un secreto. Te lo cuento en privado mejor (risas). Hay muchísimo más de mí en mis novelas de lo que la gente puede llegar a imaginar. Podría decirte algunos pasajes en los que lo que ocurrió fue tal cual lo he escrito, pero es mejor que los lectores sigan con ese misterio y les deje imaginar, que eso es muy sano.

AF: Tras leer El Chico del Gorro Rojo me quedé con ganas de una secuela… ¿Te has propuesto escribir una saga o secuela de alguna de tus novelas?
JH: En realidad El chico del gorro rojo iba a constar de dos novelas, solo que la segunda parte no la escribí, aunque está en mi cabeza. Lo que ocurrió fue que nació Ultratumba, salió Matar a un vampiro y me puse a escribir terror, pero no descarto escribir la segunda parte, porque hay mucho más que contar sobre esa historia. Ocurren muchas cosas después.
La que sí tiene ya una segunda parte escrita es Matar a un vampiro. Ocurre todo inmediatamente después de terminar la primera parte, y espero que vea la luz pronto. No me importaría convertirla en una saga, ya que tengo muchas ideas para continuar con ello. La idea de hacer mis propias crónicas vampíricas me atrae tanto, que se me acelera el corazón.

AF: Acabas de completar una novela “muy personal” que todavía no se ha publicado. ¿Nos puedes revelar algo acerca de ella?
JH: Es la reescritura de una novela antigua, posiblemente la historia más personal y más grande que jamás podré contar. Es tan importante para mí, que escribiéndola (hace un par de meses) muchas veces tenía que dejarla, porque se me caían las lágrimas. Espero que algún editor se anime a publicarla y que haya conseguido transmitir al lector todo lo que he sentido escribiéndola. Es una historia sobre sentimientos, que viene a contar que, pase lo que pase, siempre existe un mañana y las cosas pueden ir a mejor. Después de terminarla me he dado cuenta de que esa novela me define perfectamente como escritor. Soy yo al cien por cien. Tanto, que casi me emociono contándotelo.
Esos sentimientos que encuentro al acabar una nueva novela son los que me ayudan a continuar y a querer seguir escribiendo. El mundo literario es sumamente difícil y después de ocho años publicando, he aprendido a relajarme y a disfrutar del mero hecho de escribir, sin esperar nada a cambio. Al final uno se da cuenta de que el verdadero trabajo de un escritor es escribir y que todo lo demás no está en su mano, por lo que no debe comerse la cabeza con todas las trabas que se encuentra en el camino hasta que una de tus novelas está en las librerías. Me ha costado mucho aprender esto y, ahora que lo sé, escribo más que nunca.

AF: ¿Qué sueles leer? ¿Tienes un género preferido?
JH: La verdad es que leo de todo. Me encanta la novela gótica del siglo IIXX y IXX y también devoro un tipo de literatura poco accesible que me apasiona, de escritores como Chuck Palahniuck, Dennis Cooper, Bret Easton Ellis… También me gusta leer biografías. Creo que todo el mundo tiene una historia que contar, la suya, y siempre suele ser apasionante.

AF: ¿A qué gran escritor te gustaría entrevistar?
JH: Sin duda a Chuck Palahniuck. Es para mí el escritor más inteligente que hay ahora mismo en el mundo. Escribe cosas que parece que no tienen ningún sentido, pero que al leerlas lo tienen, y mucho. He leído todos sus libros y siempre consigue dejarme con la boca abierta. Le admiro tanto, que seguramente al entrevistarle no sabría qué decirle y quedaría como un estúpido.
Si pudiera revivirlo, por supuesto entrevistaría a Bram Stoker. Sería alucinante charlar con él y saber cómo creó Drácula. Puede que una sesión de espiritismo ayudase. Lo pensaré…

AF: Como autor lógicamente te sientes identificado con tus personajes. ¿Con qué personaje de otro autor recuerdas haberte sentido profundamente identificado?
JH: Más que con los personajes, me suelo sentir identificado con los autores, con su forma de pensar, de expresarse, de ver el mundo y de transmitir lo que dicen. Da igual que la novela sea de terror, realista, comedia o romántica. Al leer estás entrando en la mente del escritor y, si sabes también leer entre líneas, descubres una cantidad de cosas interesantes sobre el autor. Eso es con lo que yo me identifico.
Por ejemplo recuerdo una época de mi vida en la que empatizaba muchísimo con Dennis Cooper y con Bret Easton Ellis. Sus novelas no son nada convencionales, pero leyéndolos descubrí a personas apasionantes, dentro de lo degenerado que puede parecer Cooper, o lo desquiciado que puede resultar Ellis. Este último consiguió que con su obra Glamorama me sumergiera en un mundo del que no podía salir. Cada noche antes de acostarme tenía que leer unas páginas del libro y buscaba cualquier momento para continuar. Eso no es fácil de conseguir, y solo lo hace alguien lo suficientemente inteligente como para engancharte de esa forma. Lo mismo me ocurrió con Chuck Palahniuck y su Club de lucha.

AF: Conozco una anécdota tuya: según cuentan de joven dejaste que un coche te atropellase el pie para saber qué se siente (corrígeme si me equivoco). ¿Qué te aportó la experiencia? A día de hoy, ¿sigues haciendo este tipo de cosas? Me refiero a que si sigues persiguiendo la comprensión del dolor…
JH: (Risas) A día de hoy puedo decir que me aportó el no volver a hacer semejante estupidez, y a que los huesos pueden ser más fuertes de lo que parece. Hay más. No solo puse el pie en la carretera mientras pasaba un coche, sino que hice que dos amigos míos hicieran lo mismo, por lo que nos pasaron las dos ruedas del coche a los tres pies. Solo tenía once años y ya se veía mi poder de convicción (risas). No sigo haciendo esas cosas, pero sí que he vivido y provocado experiencias que me han servido de mucho a la hora de escribir. Tranquila, no hay que tener miedo, no le he hecho daño a nadie, o al menos que recuerde ahora mismo. Espera… A lo mejor sí (risas). Siempre he sido muy curioso y aquella anécdota solo fue una muestra de hasta dónde puede llegar mi curiosidad. En realidad tengo muchos acontecimientos de ese tipo para contar… casi todos ocurridos en mi infancia.

AF: Tus personajes principales persiguen hasta el final sus sueños. Como artista, escritor… ¿Cuál es el gran sueño que persigues?
JH: Sueño con no dejar de soñar nunca. El día que los sueños se acaben, habrá llegado el momento de dejar de vivir. No me gustaría perder nunca esa inocencia. Gracias a soñar he conseguido muchas cosas que jamás habría conseguido si no me hubiera quedado horas y horas mirando al vacío soñando con que ocurrieran y con la forma de hacerlo realidad.

AF: ¿Qué es lo próximo que aguarda a tus lectores? Revélanos algo de lo que podemos esperar en tiempos venideros.
JH: Esperemos que más novelas, lo que no sabría decir es cuál va a ser la siguiente, porque ahora mismo hay cinco dando vueltas por ahí a la espera de que algún editor decida apostar por ellas. Seguir con Ultratumba, que tantas satisfacciones me da, continuar apoyando la escena gótica, hacer mucha fotografía, puede que una novela a cuatro manos (guiño). El futuro es incierto, y eso lo hace más interesante.

Texto y fotos: Angie Fromhell

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